Zulay Soto Méndez: “rebelde, pero con causa”

Zulay Soto Méndez vive actualmente en Curridabat y continúa vinculada a distintas expresiones de la cultura costarricense. Curridabat Hoy

Son cerca de las 10 de la mañana del sábado 22 de agosto en el parque Central “Billo” Zeledón, en Curridabat. Bajo la sombra de un almendro, Zulay Soto Méndez observa el movimiento de las actividades por el 97.º aniversario del cantonato.

A sus 85 años, la artista llegó para disfrutar de una jornada que también incluye la presentación de The Rupture, una banda de rock integrada por sus nietos.

Soto es artista plástica, escultora y gestora cultural, y ha dedicado buena parte de su vida a las artes y al patrimonio costarricense. Su trabajo ha transitado por la escultura, el collage, los ensamblajes y el arte matérico, mientras que su labor cultural la llevó también a dirigir el Museo de Jade hasta su jubilación en 2004.

Retrato de la artista pintando Rayuela 1994 Pinacoteca Costarricense Electrónica

Su cercanía con la música la llevó, además, a convertirse en una figura reconocida dentro de la historia del rock nacional.

Con una sonrisa, cuenta que continúa asistiendo a exposiciones, conciertos y presentaciones de libros, y que se mantiene cercana a poetas, actores, músicos y otros protagonistas de la escena cultural. “Mi agenda vive llena”, dice.

Los inicios

Collage de mi vida # 1 Nacimiento 1941 Pinacoteca Costarricense Electrónica

Desde niña creció en un ambiente donde la música, la pintura y el teatro tenían un lugar importante. Su padre dibujaba y su madre, maestra de escuela, también se encargó de estimular esas vocaciones. Soto describe aquella formación como integral y lúdica.

A los 15 años recibió un radio como regalo de su padre y descubrió a artistas como Elvis Presley y Chuck Berry. La música la fascinó desde entonces y, durante sus años de colegio, comenzó a disfrutar de los bailes y del rock.

Esa influencia la llevó a estudiar Bellas Artes, donde encontró un espacio en el que pudo relacionarse tanto con artistas plásticos como con los músicos de su generación.

La trayectoria de Soto como artista plástica se desarrolló en medio de una época de cambios. Su búsqueda la llevó a experimentar con distintas formas de expresión y, a finales de los años 60, se vinculó con el arte matérico, corriente de la que es considerada una de las pioneras en Costa Rica.

Foto de Zulay junto a su obra Naufragio 1969 Pinacoteca Costarricense Electrónica

El collage, los ensamblajes y el uso de materiales poco convencionales formaron parte de esa exploración. En sus obras incorporó objetos encontrados y materiales de desecho, a los que daba nuevos significados. 

También incursionó en el arte psicodélico, una expresión que en aquel momento generaba cuestionamientos y que, según recuerda, algunos relacionaban con las drogas. Ella defendía que se trataba de una manifestación artística y decidió explorarla desde su propia obra.

09-07-1971 Diario de Costa Rica

Del arte al patrimonio

Exposición: Interpretación artística de la
cerámica Prehispánica de Gran Nicoya
2024 Museo de Jade

Con los años, esa misma curiosidad la llevó a mirar hacia otro lugar: el pasado. Encontró una nueva fuente de inspiración en el patrimonio precolombino, particularmente en la cerámica de la Gran Nicoya. Su trabajo ha sido presentado en numerosas exposiciones en Costa Rica y también fuera del país.

Su acercamiento al patrimonio también la llevó al campo de la museografía. En 1973 realizó una pasantía en el Instituto Paul Coremans, en México, y a su regreso fue contratada por el Instituto Nacional de Seguros para catalogar su colección arqueológica y encargarse de la museografía y el diseño de un futuro museo. Ese proyecto se convertiría en el Museo de Jade, institución que Soto dirigió hasta su jubilación en 2004.

Su trayectoria artística, sin embargo, no estuvo separada de su actividad cultural. Soto participó también en la creación y promoción de espacios para otros artistas y músicos, una característica que terminaría convirtiéndose en una constante de su vida.

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La madrina del rock costarricense

Por otro lado, Soto recuerda: “Participé en la organización del concierto de Las Nubes de Coronado en 1971, el primer concierto de rock realizado al aire libre en el país”. Además, cuenta: “Abrí las puertas de la Galería Amighetti, en San José, para que grupos jóvenes pudieran presentarse”.

En una época en la que el rock era visto con desconfianza y frecuentemente asociado con las drogas y el movimiento hippie, ella decidió apoyar a los músicos. Su razón era sencilla: amaba el rock y quería que aquellos jóvenes pudieran disfrutarlo y desarrollarlo.

Ese vínculo se mantuvo durante décadas. Los músicos continuaron invitándola a sus conciertos y, como reconocimiento a esa trayectoria, fue declarada “madrina del rock costarricense”. Recibió, asimismo, homenajes en la Biblioteca Nacional y en Jazz Café.

Más de cinco décadas después de aquellos primeros conciertos, el rock volvió a encontrarse con Zulay desde un lugar distinto: su propia familia, en Curridabat.

“Hoy nada menos que mis nietos, que son los que hicieron esta banda que se llama The Rupture. Y bueno, algo tengo que haberles influido yo que soy una rockera empedernida”, cuenta con orgullo.

Una mujer que iba a contra la corriente

Documental: Zulay Soto Mujer de rompe y rasga

Soto recuerda que durante su juventud eran pocas las mujeres que acudían a los conciertos de rock. Vestir minifalda, usar botas y participar en aquellos espacios significaba desafiar los pensamientos sociales de la época. Ella y otras mujeres decidieron, sin embargo, disfrutar de la música que les gustaba.

Participó, además, activamente en el ámbito universitario: fue representante de Bellas Artes ante la Federación de Estudiantes Universitarios y tomó parte en desfiles y otras actividades. Al mirar hacia aquella etapa de su vida, ella misma se define como una persona “rebelde, pero con causa”.

Para Zulay Soto, esa actitud también formó parte de las transformaciones que vivieron las mujeres de su generación. Al observar a las nuevas generaciones, destaca la libertad con la que hoy las mujeres pueden vestirse, expresarse y ocupar espacios que antes eran más difíciles de conquistar.

“Yo viví mi época intensamente y fue la época más feliz de mi vida”, dice Soto al recordar aquellos años.

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